Camino al odio, segunda parte.

Cuando escribí la primera parte de esta serie “Camino al odio”, estába deshecho, madreado y llorando. Con los ojos tan hinchados como pueden estar después de soportar una tras otra chingadera tras chingadera. Esa semana había visitado a mi terapeuta y me había hecho ver lo que no quería ver: Sufría por que yo lo permitía. Cuando uno está tan envuelto en un sentimiento, la razón no influye mucho en nuestro sentir y se bloquea la mente pensando sólo en el motivo por el cual uno está sufriendo y si bien puede, lo adereza con preguntas e imaginación; preguntas sin respuesta e imaginación nutrida por dudas. Dudas sobre uno mismo, claro, de ahí que uno tenga la debilidad de permitir el sufrimiento, por el poco valor que uno siente sobre nuestra propia persona. Naturalmente ese sentimiento de odio, dolor y desprecio se fueron desvaneciendo con el paso de las horas, días, semanas y meses.

Esta vez, que escribo esta segunda parte, no estoy del todo destrozado, sino decepcionado. Conmigo ¿con quién más?. ¿Cómo es posible que nuestra mente vuelva a hacernos este tipo de jugarretas y nos haga caer en el mismo agujero? Afortunadamente, gracias a la experiencia, me doy cuenta de que no he caído del todo y de que este pozo realmente no es tan hondo y que de nuevo, he caído por que yo lo he provocado. Si bien aprendí, la vez anterior, que debía de alejarme de la persona que más me ha lastimado y más me ha hecho dudar de mis capacidades, esta vez me confié y la dejé entrar de nuevo.

En adelante me dirigiré a esa persona que tanto me madrea, se que leerá esto, así que lo siguiente es a título personal.

Sí, es mi culpa, yo te dejé entrar. Crei que habías cambiado. Que cuando me buscabas de nuevo lo hacías por que reconocías en mi lo que soy y lo que siempre seré. Pero resulta que vienes a buscar a alguien más, alguien que no soy. No importa mi esfuerzo por salir adelante con mi empresa, con mi trabajo, con mi persona y mis sentimientos. Vienes a juzgar con quién convivo y a juzgar mi “forma de pensar y de ser”, pero lo peor es que te formes esa opinión por cosas que ves en internet de mi. Posts de facebook (no por nada hay estudios que demuestran que el facebook es dañino), twitts y conversaciones efimeras en la ventana del chat. Al principio no te dejé entrar, te costó trabajo, insististe por teléfono en una llamada de casi cuarenta minutos, viniste a mi casa, más de una vez. Me escribiste un e-mail y varios mensajes en diferentes lugares, twitteaste indirectas para mi, escribiste cosas en facebook para mi, te interesaste de nuevo en mi vida y en lo que hice durante tu ausencia. ¿Qué hice durante tu ausencia? Intentar sacarte de mi. Estába en un proceso de desintoxicación. Llegaste en el momento justo antes de terminar esa desintoxicación. Aprovechaste ese hueco que dejé, donde viste que todavía te tengo bien arraigada dentro de mi y en el momento que lo viste ¡PUM! el putazo otra vez.

Para una persona que sufre de ansiedad, la incertidumbre es veneno. ¿Me quieres hacer daño? ¿Me quieres ver sufrir de verdad y ver madreado? Dime que me dirás algo, pero no me digas que es. Listo, con eso tienes para darme en la madre y para hacerme perder el equilibrio. Para provocar que mi desequilibro me haga hacer y decir pendejadas, pendejadas que no acostumbro, claro. Me parece una canallada que sabiendo esto de mi, de mi ansiedad, abuses. Lo he llevado bien, dentro de lo que cabe. Pero al fin y al cabo, mi ansiedad me delata. Me hace embarrarla toda y decirte que te he extrañado, que no he andado con nadie, que quiero de nuevo un futuro contigo y tantas otras cosas que te hacen aprovechar y mandarme a la chingada de la forma más predecible. Sí, predecible, de hecho te dije: “tengo miedo de que hayas regresado a decirme de nuevo que seamos amigos” y ¿luego? ¡TOMA, TOMA! Tus madrazos por pendejo, y te vuelves a ir. Me vuelves a dejar aquí, aturdido y con el corazón apachurrado. Pero de nuevo, vuelvo a reconocerlo, todo ha sido mi culpa. Debí de hacerle caso a mi instinto de no recibirte, de no contestarte las llamadas ni leer tus mensajes. Pero no, aquí vienen las moronitas a intentar hacer pan. Mis antiguas ilusiones y anhelos regresan con nuevos bríos y nuevos planes y con tantas cosas planeadas para ti y para mi y… ¿para qué sigo? ¿para qué te digo algo que no mereces? Me criticas por unos cuantos mensajes de facebook,

 

 

ESTO SE QUEDÓ INCOMPLETO EL 3 DE OCTUBRE, 2013 A LAS 20:43.

 

HOY, 19 DE MAYO 2014, LO LEO Y VUELVO A ABRIR LOS OJOS. GRACIAS, DANIEL DEL PASADO POR HABER ESCRITO ESTO.

Estación Espacial

El otro día vi en Youtube, que Chris Atfield, un astronauta canadiense que estuvo cinco meses en la Estación Espacial Internacional, interpretó Space Oddity de David Bowie al momento de partir. Como aficionado y admirador amateur de la ciencia ficción, me pareció uno de los momentos más hermosos que he podido presenciar en Internet. Por el contexto de la letra de Bowie, por la magnífica interpretación de Chris, con las variaciones al lenguaje real y actual de un astronauta y por el lugar donde está siendo interpretada la canción. En el espacio.

Después, como es mi manía, relacioné al astronauta, con cosas obvias y con cosas recientes que he visto/vivido, por ejemplo, con el trailer Gravity, una película de Alfonso Cuarón que saldrá este año en cines, estelarizada por George Clooney y Sandra Bullock, donde -sin afán de lanzar spoilers- se ve que Sandra Bullock, siendo astronauta y estando en el espacio, sufre, lo que podríamos considerar una de las experiencias más aterradoras que un ser humano puede experimentar: Desprenderse del cable o accesorio de seguridad que lo une a la estación espacial mientras hace una caminata. Imagina eso. Con la posibilidad de flotar en el espacio y sin esperanza a ser rescatado antes de que tu tanque de oxígeno se agote o que tu traje sucumba a las bajas temperaturas o a ser golpeado por un asteroide o basura estelar. Cierro los ojos, imagino y puedo sentir cómo mi estómago empieza a sentir ese vacío como cuando vas en caída libre. Abro los ojos, no puedo soportar esa sensación auto-infligida, es una de mis fobias, el sentimiento de caída libre, incluso en la montaña rusa. Horrible, en mi experiencia personal. Y eso, creo, es el principio. Porque no quiero ni imaginar el horror que se sentirá cuando, estando a punto de alcanzar el éxito y la fama correspondientes a un astronauta que regresa exitoso a su planeta, país, hogar, un accidente o algún error o incluso su propia torpeza hacen que la situación de un giro inesperado y se encuentre flotando en el vacío sin esperanza de volver al planeta que seguramente desde algún ángulo puede ver. Una vista hermosa, que dejaría sin aliento a la persona menos impresionable. Una vista que le valdrá de recompensa y de premio de consolación por que en pocos minutos fallecerá. 

Es muy fácil para mi ligar una cosa con la otra, desde David Bowie, Space Oddity, Chris Atfield, Alfonso Cuarón, Gravity, George Clooney, Sandra Bullock y…

…y mi sensación de vacío. Claro, no se compara en lo absoluto a lo que es realmente el vació, pero me permito comparar ficción, realidad y mi poco regocijante situación. ¿Que a qué vacío me refiero? Bueno, desde hace algún tiempo me siento desprendido de mi Estación Espacial, siento que por algún error lo suficientemente grave como para desprenderme y lanzarme al vacío y a mi próxima muerte, estoy levitando y siendo llevado por mi propio impulso; alejándome cada vez más de lo que he considerado hogar por casi dos años. Si para un astronauta, estar ahí cinco meses lo impulsó a  rendir tributo con una canción, para mi, estar casi dos años así y después sentir el desprendimiento me hace buscar ese tributo y esa adoración en todo. Canciones, fotografías, películas, regalos y notas escritas a mano. Lo que sea que me haga sentir ese calor que ahora necesito, ahora que estoy a punto de sucumbir a las extremadamente bajas temperaturas del espacio de mi soledad. Llevado por mi propio impulso y la misma fuerza que me separó, he sentido que mi Estación Espacial se hace cada vez más y más pequeña. 

vacio-espacio

Escucho por mi transmisor de comunicación que hay una respuesta a mis gritos de auxilio, por fin sonido y vida del otro lado. Alguien me contesta y me pregunta cómo estoy, mal, claro, estoy mal. Pero confiado de que me ayudarán a regresar a casa. Pero lo que escucho del otro lado, en la Estación Espacial, es alguien que me dice que no regrese, que ya que estoy lo suficientemente alejado siga en curso y que, con suerte, encontraré otra Estación Espacial que me acoja y me ayude y me haga sentir en casa de nuevo, que me rescate. Ni aún estando en el verdadero vacío del espacio puedo describir esa sensación. Vacío dentro del vacío. Mi fobia. ¿Qué decir? ¿Qué hacer? ¿Rendirme? ¿Qué? 

This is major Tom to ground control, I’m stepping through the door and I’m floating in a most peculiar way

 

Camino al odio, primera parte.

Creo que ya llegué, estuve ahí un rato, en el ODIO, así con mayúsculas He estado muchas veces, despreciando y odiando; a varios, la verdad ultimamente se necesita hacer mucho para poder ganarse un pase al país de ‘no-te-me-vuelvas-a-cruzar-jamás’. A la tierra de ‘chinga-tu-madre-pendejo’, o ‘pendeja’, según sea el caso. Incluso yo mismo he pasado tiempo ahí, he estado algún tiempo sin soportarme y odiándome  haciéndome chingaderas y al parecer sufriéndolas, aunque creía que las disfrutaba.

Es un lugar frío, vacío, como el lago por donde viaja el personaje de Robin Williams en What Dreams May Come. O como uno de los infiernos de Dante, bueno menos pintorezco, eso sí. No me refiero a que el contenido sea tenebroso, malo o macábro. Más bien a la textura, color gris, oscuro, con azúl, olor a moho y humedad, con telarañas en las esquinas y el piso resbaloso y frío. Así es la tierra del ‘vete-a-la-verga’. A veces esos boletos han sido ganados en rifas, o han sido simplemente regalados por suerte, algunas de las personas que han estado allá, seamos justos, no se lo han merecido, aunque la mayoría, pide a gritos esos boletos, en barcaza primera clase con película de las malas de Coppola, primera fila, hijos de puta, en el expreso súper rápido ‘go-fuck-yourself’.
Evalúo la frase que reza: “del amor al odio hay un sólo paso”. Y es que en realidad cuando uno ama a alguien al grado de llegar al odio, es porque uno ya dió demasiado y eso es un error común. Uno hace y deshace por el prójimo amado con tal de demostrar nuestro cabrón amor, como si el otro no lo notara ya. Como si uno realmente necesitara decirle: “mira, mira como voy a dejar que me madrees para que veas que me importas”. “Me importas y te amo tanto que, ten, aquí me duele mas, picame”.
Uno no está seguro de saber si el otro aprecia lo que hacemos, lo apreciará, por qué ¿a quién no le gusta que le digan que lo aman? Bueno, eso siempre es agradable si lo escucha de la persona que lo quiere escuchar. Pero tal vez a pesar de que lo aprecia, nosotros nos hacemos adictos al agradecimiento, en cualquiera de sus formas, por parte del culero o culera al que estamos amando. Claro, en esos momentos no sabemos que es un ojete, pero, paciencia, lo sabremos y mejor aún, lo sentiremos y le tendremos reservado un paquete VIP para su próximo viaje, por supuesto, su viaje con todo y audífonos con rebabas de plástico de Mexicana de Aviación y sin esponjita.
Entonces por eso creemos que hay sólo un paso hacia el odio, porque nos entregamos en bandeja de plata a un ser a todas luces imperfecto y con su historial de ojetés. Y cuando el susodicho ojetea sus ojeteces, pues ahí está, el madrazo en la médula que hace que lo azul se vuelva rojo y la comida en diarrea. Ese Señor Madrazo que nos dice: “Hola, ya llegué, no me esperabas, pero bien que me andabas buscando, pendejo.”
Pero como bien dice El Señor Madrazo, nosotros lo estábamos buscando, cuando bajamos nuestras defensas, cuando entregamos todo lo que creemos que el otro merece. Sugiero que haya un curso en youtube o un curso en línea que se llame “Cómo demostrar cariño sin dar las nalgas del alma”, en tomos, claro, porque definitivamente sería un curso bien largo.En fin, en mi exploración en ese caminito sinuoso y enlodado hacia el odio, me he dado mis buenos madrazos por resbalarme, y básicamente por pendejo, por que ¿cuál es la otra razón por la que uno se cae, si no es por pendejo?

Sucede que la caída que tuve hoy, ha traído consigo al Señor Madrazo y ahorita dice que se va a quedar a cenar y a comer y a vivir aquí conmigo por unas semanas. No me queda de otra más que hacerlo sentir bienvenido y cómodo, en esta su casa, donde ha venido a pasar buenas temporadas chingandome el alma.¡Pásele Señor Madrazo ya lo veía venir, pero creí que no iba a llegar, creí que no se animaría a venir!.

Por el momento no me queda má decirle a esa persona que ha llamado al Señor Madrazo para que se venga a quedar, que ya le estoy armando su bonito kit VIP con caminito a ‘chingar-a-su-madre’ y un paseíto por el bonito parque temático ‘mira-como-la-cagaste’.

Saludos.

Es todo

Soy muy impulsivo, pero definitivamente pienso muy bien antes de hacer o decir algo. Pero soy muy desesperado, lo que me hace pensar las cosas tal vez con el doble de velocidad, por la necesidad de soltarlo todo. Sé reconocer cuando algo vale la pena y cuando no. A partir del tercer o cuarto mes de este año he tomado desiciones muy importantes en mi vida y sé que las he tomado bien, con aplomo y responsabilidad y como cualquier mortal me equivoco y me arrepiento, pero claro, no de todo ni de la mayoría. La desición que estoy a punto de tomar sé que es la mejor.

Mi primer tweet, hace más de un año, el 05 de Septiembre 2008:


Mi último tweet, hoy 24 de septiembre 2009


Como en cualquier servicio de conectividad social existe la posibilidad de encotrar gente muy valiosa e importante y también gente que no es de ningún interés partícular. Mi timeline lo usé para todo, para expresar lo que me emocionaba, para burlarme de algo ó alguien ó para compartir algo que yo consideraba interesante. Estoy empezando proyectos laborales muy importantes y no puedo permitirme distraerme. Twitter fué algo muy importante para mi en el plano sentimental, por que al final del día, uno ‘convive’ con las personas que ‘conoce’ en el medio. No necesito demostrarle nada a nadie, sé quien soy y qué quiero y qué estoy dispuesto a hacer por lo que quiero y ahora no quiero twitter y no creo que después. No haré mariconadas de cancelar mi cuenta y volverla a abrir lo cual han hecho algunas personas sin huevos y sin carácter. Es todo.

“…so long and thanks for all the fish”

 

‘pinches inditos ridículos’

No soy apegado a mi familia, ni maternal ni paternal. Todos son unos hijos de puta y yo, el peor. Esto lo dejaremos para otro post. Solo tengo recuerdos vagos de malos pedos que he tenido con todos y cada uno de ellos, pero hoy me sorprendí cuando recordé que gracias a uno de mis tios empecé a escuchar a Café Tacvba, que mi abuelo, que es carpinero ebanista trabajó para Alejandro Flores que es el violinista que participa con ellos en Ojalá que llueva café y otras.

Me vino un cubetazo de agua fría de recuerdos de cuando compré mi primer cassette, que fué el Avalancha de Éxitos en 1996. El cassette era una tipo de ‘edición especial’ por que no era como los otros, éste tenía el couché, mate, interior completo que hacía la función de booklet y tenía un arte que para mi resultaba maravilloso e inquietante, con textos en tinta dorada metalizada y páginas minimalistas con solo un texto en el centro y fotografías monocromáticas.

Pasaba días viendo ése booklet. Tengo grabada la imagen de una pluma colgando de la guitarra de Joselo. La fotografía de Emmanuel tocando la batería para grabarla en la caja de rítmos; y me gustaba imaginar que esa batería era la que se escuchaba en Metamorfosis.

Mira nomás que tracklist!! - Bájalo, pero luego lo compras.

Mira nomás que tracklist!! - Bájalo, pero luego lo compras.

Café Tacuba – Metamorfosis

Antes de tener el cassete me pasé una tarde entera ‘pescando’ en el radio a qué hora pasaban “Como te extraño” para grabarlo en una cinta y traerlo en mi walkman, Sony sport amarillo ‘water proof’.

Para ese tiempo yo debí de haber estado en la prepa, pero a mi mamá y a mi papá les pareció mejor desición no dejarme ir y mandarme a trabajar. “Alarmala de tos” me hacía pensar en que había alguien que estaba en peor situación que yo. Al menos a mí no me habían cogido como a ‘la lola’. Y mi historia no saldría publicada en el Alarma! por que, no iba a llegar tan lejos, como siempre mi familia de mediopelo.

Creo que en realidad de eso es lo que me hace acordarme la música de Café Tacvba, de mi ojete familia y de lo ojete que yo resulté ser con todos. De la vez que mandé a ‘frescobote’ a mi papá. De la vez que fuí a casa de mi tío y regresé noche a casa y la putiza que me acomodaron. De cómo defendía la postura de la vestimenta de esos “pinches inditos ridículos”. Se me hicieron eternos los tres años que tardaron en sacar disco y contrario a mis planes, no lo compré luego-luego y no lo compré por lo que ponían en el radio de ése disco.

Despúes ya no sacaron nada, ahí terminó Café Tacvba para mi, lo que hicieron después no tuvo relevancia en mi vida, solo fueron discos más. Además ya todo el mundo los escuchaba y andaba por ahí mucho experto a partir de que salió el Cuatro Caminos y que los conocen por que hicieron Eres. Muchos ni siquiera sabían de que el Reves/Yosoy se vendía junto. Tampoco que “Las batallas” es por el libro aquél de José Emilio. O que “El tlatoani del barrio” es una canción para el papá de Rubén y que “Trópico de Cáncer” de uno de los tíos de Emmanuel. No soy clavado. Re lo compré un año después de haber escuchado Avalancha de éxitos y el homónimo al mismo tiempo. Tuve todos. Ahora solo tengo estos

Solo tengo estos

Solo tengo estos

CT con Paco Stanley en 1992*

Los demás los perdí. Los dejé perder, tal vez deba hacer lo mismo con mis putas tribulaciones familiares.

*video encotnrado en el twitter de @katatonicbitch